El crujir de nuestros mantos
La Corte Suprema ha hablado. Todos, y yo, somos como las paredes que hacen el eco de su decisión.
“Los dioses existen y se les tiene que guardar pleitesía.”
“Todo lo que induzca al olvido y a la indiferencia de los dioses que nos (La Corte Suprema) alimenta será escudriñado y maldito con el ojo tapado de la justicia.”
“Hay de aquél que vuelva la espalda a la única verdad de los dioses.”
“Hay de aquél que no maldiga, que no santifique a los dioses, porque ambas cosas los alimenta y, en vez de ello, muestre indiferencia a nuestros dictados, de los cuales todos somos sus servidores.”
“Para todos ellos no habrá cárceles, no habrá ostracismos que valgan, sino fuego y dolor. Así podremos inventar nuevas guerras, nuevas leyes que nos alimentan y que mantengan las santas cumbres del olimpo.”
“Este es el dictado, esta es la decisión, grabese en millones de bits a lo largo y a lo ancho del ciberespacio. La cruzada continúa. Y nosotros (La Corte Suprema en plural mayestático) somos sus voceros y vosotros (yo y muchos más) sois un simple eco del crujir de nuestros mantos, porque los dioses están enojados.”
