Se ha muerto mi mirada de gorgona, mi cíclope ciego me ha dejado por aplicarse al “vino” durante años.

Azul se quedó una tarde de primavera. Ráfagas violetas salían de sus píxeles. Y yo, perdonen la intervención práctica, le dí la extramaución en un abrir y cerrar de ojos, cual Benedicto xvi, porque tenía ganas de pillar una de esas sábanas sagradas que venden ahora.
Pero sigamos con los recuerdos tristes. Que mi medusa, mi gorgona me había petrificado desde el ‘94 y se merece este requiem. Parece mentira, pero este comienzo de primavera ha sido dramático, no trágico, bueno, trágico para mí ha sido en el último momento. Quién me lo iba a decir que este drama iba a comenzar con un efecto, con un aparato tan enloquecedor como la muerte de un papa, seguir con la muerte de un magnate y ahora finalizar, aunque ya sabemos que esto nunca acaba, con la muerte de mi monitor. Ya sé que muchas veces lo había dado por muerto, esto era debido, cual familiar que busca la herencia, a las ganas que tenía del cambio, de la novedad. ¡Qué desde el cielo de los monitores me perdone! Como yo sé que Juan Pablo habrá perdonado el espectáculo montado con su muerte o Raniero las ganas que tenían sus hijos de enterrarlo, porque tenían que celebrar algún famoso rally que él mismo había creado. Yo he espereado casi 11 años, se dice pronto. Mi monitor era un preadolescente. Qué no me habría enseñado si llega hasta la adolescencia. No penséis que me he desecho pronto de él. A los monitores hay que medirle la edad como a los perros: mutiplicando cada año de vida por 7. Y hemos acabado. Él ahí abajo, junto al contenedor de basura, ahora noto como se lo llevan, me estoy poniendo poético, pero la tristeza dura lo que un spot publicitario. Mi monitor no ha sido ni Juan Pablo, ni Raniero, pero se merecía estos segundos de gloria publicitaria.

Ahora me ha crecido una seta negra en mi cesped particular. Seta negra, pero no venenosa. Por seguir con las comparaciones se parece a Benedicto. Esa sonrisa te hiela la sangre. Y esta seta mía me está helando la mirada, me esta helando los timpanos, porque tiene sonido multimedia y es de xvii pulgadas, una más que Benedicto.