¿Hasta dónde se extiende la tierra de los Banu Qasi?
Mentiría si le asignara a esta tierra mítica unas fronteras. La quiero dejar libre para que ningún banuqasiano se sienta en la obligación de salir de ella. Tampoco le quiero asignar una época determinada. Los saltos temporales serán obligatorios para toda crónica que se precie. Y cuando ponga una imagen sobre ella, será para que el texto refleje una cosa y la imagen otra. Ni si quiera quiero que sean antagónicos. El mundo actual está hecho así. En 24 horas podemos asistir a espectáculos tremebundos que nos sitúan en un pasado que creiamos superado y de repente podemos ver los ojos de alguien que nos reconcilian con esta tierra que odiamos.
El cronista aquí divaga. Se deja llevar por las palabras y las imágenes de su mente.
Volvamos a centrarnos en las fronteras. Aquí aparecerán fronteras, no físicas, pero si mentales.

Tam, tam,
¿quién es?
El musulmán, el negro, el chino, ... el hombre. Pero este hombre nunca será un banuqasiano. En realidad de la tierra de Banu Qasi hemos desterrado al hombre. Todos somos banuqasianos. No existen las diferencias marcadas por pasaportes o visados.
Esta falta de seguridad nos traerá un grave problema el desarrollo. La tierra de los Banu Qasi, al no invertir en seguridad, no tiene desarrollo tecnológico. Porque todos sabemos, no siempre, pero el desarrollo tecnológico en seguridad incluye el desarrollo tecnológico en otras esferas. Y así, todo se convierte en la vibora que de puro hambre se come su propia cola. El sufrimiento puede ser atroz mientras sus mandíbulas se incan, mientras se inyecta su propio veneno. Esta es la característica más importante del mundo que no es Banu Qasi.
¿Cómo nos podemos acercar a un mundo sin fronteras como este de los Banu Qasi?
La respuesta más fácil. Siempre tenemos que buscar la respuesta fácil. Repito la respuesta más fácil es que no podemos. Es una utopía.
