Por las tierras de los Banu Qasi

27 April 2005

Sobre Genghis Khan

Filed under: Asia Central, Mongolia

He encontrado esta página sobre Genghis Khan.
genghis
Es una colección sobre enlaces relacionados con Gheghis Khan.

This site collects, sorts and annotates more than 275 resources about Genghis Khan, the great Mongol conqueror. It includes academic biographies to movies of his life, the hunt for his long-lost tomb and his surprising genetic legacy. It represents everything I can find of any value, but it can never be finished.

Nuevo papiro de Arquíloco

Filed under: Griego

Últimamente nos están llegando nuevas noticias sobre descrubrimientos de nuevos papiros en la ciudad de Oxirrinco. Este que tenemos aquí en la foto ha sido identificado como perteneciente al poeta Arquíloco (mediados del siglo vii a. C.)

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Por la foto se puede hacer uno idea de la labor que están llevando a cabo los especialistas, en este caso de la Universidad de Oxford. Website sobre los papiros de Oxirrinco

A rey muerto, rey puesto

Filed under: Varia

Se ha muerto mi mirada de gorgona, mi cíclope ciego me ha dejado por aplicarse al “vino” durante años.

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Azul se quedó una tarde de primavera. Ráfagas violetas salían de sus píxeles. Y yo, perdonen la intervención práctica, le dí la extramaución en un abrir y cerrar de ojos, cual Benedicto xvi, porque tenía ganas de pillar una de esas sábanas sagradas que venden ahora.
Pero sigamos con los recuerdos tristes. Que mi medusa, mi gorgona me había petrificado desde el ‘94 y se merece este requiem. Parece mentira, pero este comienzo de primavera ha sido dramático, no trágico, bueno, trágico para mí ha sido en el último momento. Quién me lo iba a decir que este drama iba a comenzar con un efecto, con un aparato tan enloquecedor como la muerte de un papa, seguir con la muerte de un magnate y ahora finalizar, aunque ya sabemos que esto nunca acaba, con la muerte de mi monitor. Ya sé que muchas veces lo había dado por muerto, esto era debido, cual familiar que busca la herencia, a las ganas que tenía del cambio, de la novedad. ¡Qué desde el cielo de los monitores me perdone! Como yo sé que Juan Pablo habrá perdonado el espectáculo montado con su muerte o Raniero las ganas que tenían sus hijos de enterrarlo, porque tenían que celebrar algún famoso rally que él mismo había creado. Yo he espereado casi 11 años, se dice pronto. Mi monitor era un preadolescente. Qué no me habría enseñado si llega hasta la adolescencia. No penséis que me he desecho pronto de él. A los monitores hay que medirle la edad como a los perros: mutiplicando cada año de vida por 7. Y hemos acabado. Él ahí abajo, junto al contenedor de basura, ahora noto como se lo llevan, me estoy poniendo poético, pero la tristeza dura lo que un spot publicitario. Mi monitor no ha sido ni Juan Pablo, ni Raniero, pero se merecía estos segundos de gloria publicitaria.

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Ahora me ha crecido una seta negra en mi cesped particular. Seta negra, pero no venenosa. Por seguir con las comparaciones se parece a Benedicto. Esa sonrisa te hiela la sangre. Y esta seta mía me está helando la mirada, me esta helando los timpanos, porque tiene sonido multimedia y es de xvii pulgadas, una más que Benedicto.

23 April 2005

¿Hasta dónde se extiende la tierra de los Banu Qasi?

Filed under: Varia, Historia

Mentiría si le asignara a esta tierra mítica unas fronteras. La quiero dejar libre para que ningún banuqasiano se sienta en la obligación de salir de ella. Tampoco le quiero asignar una época determinada. Los saltos temporales serán obligatorios para toda crónica que se precie. Y cuando ponga una imagen sobre ella, será para que el texto refleje una cosa y la imagen otra. Ni si quiera quiero que sean antagónicos. El mundo actual está hecho así. En 24 horas podemos asistir a espectáculos tremebundos que nos sitúan en un pasado que creiamos superado y de repente podemos ver los ojos de alguien que nos reconcilian con esta tierra que odiamos.
El cronista aquí divaga. Se deja llevar por las palabras y las imágenes de su mente.
Volvamos a centrarnos en las fronteras. Aquí aparecerán fronteras, no físicas, pero si mentales.
mineros

Vamos a ser como el emigrante que coge su barquichuela y tras mucho sufrimiento, en un día, en un año se pone en contacto con una realidad mental que le encierra más que el mundo que dejó. Nos referimos al que marchó de su aldea, de su pobre suburbio, con su título de hambre y desesperación bajo el brazo y aquí lo tenemos llamando a nuestra puerta. Esa puerta que nosotros hemos puesto, para marcar los límites de nuestra cultura, de nuestra querida civilización occidental que nos da tanto sosiego de espíritu, porque nos mantiene ocupados.
Tam, tam,
¿quién es?
El musulmán, el negro, el chino, ... el hombre. Pero este hombre nunca será un banuqasiano. En realidad de la tierra de Banu Qasi hemos desterrado al hombre. Todos somos banuqasianos. No existen las diferencias marcadas por pasaportes o visados.
Esta falta de seguridad nos traerá un grave problema el desarrollo. La tierra de los Banu Qasi, al no invertir en seguridad, no tiene desarrollo tecnológico. Porque todos sabemos, no siempre, pero el desarrollo tecnológico en seguridad incluye el desarrollo tecnológico en otras esferas. Y así, todo se convierte en la vibora que de puro hambre se come su propia cola. El sufrimiento puede ser atroz mientras sus mandíbulas se incan, mientras se inyecta su propio veneno. Esta es la característica más importante del mundo que no es Banu Qasi.
¿Cómo nos podemos acercar a un mundo sin fronteras como este de los Banu Qasi?
La respuesta más fácil. Siempre tenemos que buscar la respuesta fácil. Repito la respuesta más fácil es que no podemos. Es una utopía.

18 April 2005

Levitación

Filed under: Ficción

La levitación es una de las características de los habitantes de la tierra de los Banu Qasi. Esta levitación no la entendáis como una fuerza que vence la gravedad por medio de fuerzas mentales o espirituales. En las tierras de los Banu Qasi, se podría decir que no existen esas fuerzas o son fuerzas teñidas de brujería y sortilegios sobrenaturales. La levitación en la tierra de los Banu Qasi es sencillamente la demostración de que sus habitantes están completamente desterrados. Podíamos, para definirlo gráficamente, pensar que es como un eructo de la propia tierra contra sus propios habitantes y por contra es el rechazo de las tierras de los alrededores a que habiten sus cortezas.
La fuerza de la levitación se descubrió por casualidad, aunque se tiñó de brujería. Hace años se contaba que el hijo de un granjero en una de sus correrías por los límites boscosos de las tierras de su señor había caído de un árbol y no llegó al suelo. Lo descubrió una tropa que vigilaba que los campesinos no cazaran los venados del potentado del lugar. La sorpresa fue mayúscula, cuando el jefe de tropa, intentando cazar algo para cenar aquella noche, vio como se alejaba su caza entre los árboles que tenía delante. Sus hombres, tras fallar, se habían puesto al acecho y debajo justo del árbol, donde el muchaho sobrevolaba desde el amanecer. Los hombres que habían fallado en la caza hicieron varios disparos sobre el jovenzuelo levitador, cosa que extrañó a su jefe. Y éste solamente pensó, a qué narices malgastaban sus hombres tanta flecha, si se habían dejado escapar la caza. Miró entre el follaje, alejado del tronco del árbol para distinguir mejor la sombra que había en el cielo de la tarde. Y achinando los ojos y otro rato usando la palma de la mano como visera, distinguió al muchacho. Éste se encontraba entumecido y mirando hacia arriba. No se había atrevido a moverse, porque temía caerse hacia arriba o hacia abajo. En realidad, ya no sabía, ni distinguía lo que estaba a un lado o a otro, tal era la insolación petrificante que lo tenía en aquella situación todo el día. Claro que había oido a la tropa de abajo, escondiendose, acechando, pero no había osado moverse, por vergüenza y por el castigo que le darían los hombres de abajo si pudieran ponerle la mano encima.
El jefe de tropa, buscó una cuerda, un algo que lo sostuviera. Tampoco se había parado a pensar qué podía hacer una cuerda en la situación en la que se encontraba el muchaho, pero estaba claro que si tuviera un reglamento, en él estaría claramente precisado que a los campesinos no se les dejaría estar por encima de los árboles de su señor en ninguna circunstancia. No se sabía qué podían hacer los campesinos a esa altura. Si el jefe de tropa viviera, unos años, muchos años más, podría haber acusado al muchacho de violar el espacio aéreo de su señor, pero ahora le bastó con que por culpa de el vuelo, tampoco para él era levitación, pues no conocía ese término, se había quedado sin caza. Sabía que era culpa de sus hombres, pero las lagunas del futuro reglamento se solventarían negando las evidencias y haciendo comprensible lo incompresible. Sus hombres cuando se cansaron de esquivar sus propias flechas que las ramas del árbol rechazaba se acercaron a su jefe, con cara de interrogación y boca abierta. Buscaban en él sabiduría y mando, que por algo era su jefe.
La respuesta contundente del jefe fue una patada en la espalda al que más se había acercado a su caballo y una orden para que empezara a subir al árbol a ver si podía alcanzar desde las ramas al muchacho. El invitado a semejante proeza, comenzó a subir sin estar convencido de la orden de su jefe y de que él pudiera escalar primero por el tronco y luego saltar de rama en rama como una ardilla. Pero le convenció que el punta pie del jefe se convirtió en la punta de la espada, cuando apenas estaba en la mitad del tronco.
El otro miembro de la tropa empezó a chillar, para que el muchacho levitador bajara antes de que su compañero arriesgara su vida. Pero el muchacho también temía por la suya y ya había visto pasar debajo del árbol y debajo de sí mismo aquel día a mucha gente que, o no lo habían visto o si lo habían visto, se marchaban corriendo asustados, como si hubieran visto el monstruo que guardaba los fantasmas de los Banu Qasi.
Pero aquella tropa, fiel a su señor, no lo iban a dejar en paz tan facilmente. Su ignorancia le iba a hacer bajar de allí. ¿Cómo? El jefe ya tenía un plan. El muchacho de repente, se vio acompañado del escalador del árbol. Al subir había resbalado y, como le pasó a él, había caido hacia arriba. Allí estaban los dos. Casi se daban la mano. El jefe de tropa gritaba 25 metros más abajo, para que el guardia volador le echara el guante al campesino, que seguramente estaba cazando o al menos espantando la caza. El guardia era ignorante y cumplidor de ordenes le puso la mano en su brazo y tan pronto se sintió el muchacho atrapado, cayeron los dos como sacos llenos de piedras. Las ramas del milagroso árbol se rompieron a su paso y por un momento dudaron si ir hacia arriba o hacia abajo. Al final, llegaron a las hojas del suelo con un ruido seco.

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